Fue una experiencia totalmente re significadora en todos los ámbitos de mi vida. Me ayudó muchísimo a poder ver la vida, el mundo y las distintas realidades con otros ojos. Quitándome los lentes del “como yo pienso” y poniéndome los de la compasión y empatía para así poder ir al encuentro con el corazón más abierto y de ese modo poder anunciar a Jesús a aquellas personas que más lo necesitaban.
También fue una misión donde pude vivir los tres pilares de nuestra congregación más fondo (Presencia, Compasión y Liberación) y de ese modo poder llevar adelante el mandamiento del amor el cual nos invita a vivir Jesús en Mateo 22 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estando presente con un corazón empático y dispuesto a escuchar y ayudar al otro en lo que necesite fue la manera en la cual pude experimentar desde muy cerca estos tres pilares que nos representan. Fue así cómo pude vivir el hermoso mandamiento del amor al cual nos invita Jesús y de ese modo amar y volverme con un corazón totalmente pleno y agradecido por los diferentes encuentros y momentos compartidos.
El ser uno más y vivir junto a los más pobres de los pobres me enseño que muchas veces la falta de recursos no significa la falta de felicidad. Frente a las continuas necesidades, el apoyo que podía observar entre vecinos y personas del mismo barrio era muy lindo y afectuoso. ¡Eran actitudes muy lindas y cristianas! Por ende, algo muy lindo que pude concluir es que esa falta de recursos traía consigo un aumento de Fe en las personas. Por lo cual, esto me llevó a comenzar a vivir con menos para así desde la austeridad y sencillez poder estar en más en comunión con nuestro señor.
Para terminar, relacionado al último párrafo, esta experiencia me hizo cuestionarme muchos aspectos personales y de Fe. Lo que me llevó a un gran crecimiento y maduración personal. Pero lo más importante y lo más lindo es que pude confirmar que mi Fe no es un sentimiento, sino que es una convicción de vida. Sin ella no podría afrontar el día a día. Es decir, sin Jesús nada sería, sin Jesús nada valdría la pena, sin Jesús nada tendría sentido.
Gracias al Pueblo Peruano y Boliviano por todo el amor recibido y las experiencias compartidas. Estarán por siempre en mi corazón y oraciones.
Un fuerte abrazo, Nico.
¡VIVE JESÚS EN NUESTROS CORAZONES, POR SIEMPRE!
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